New York según la estadística el lugar más deseado del mundo. En Navidad sus tradicionales luces, árboles y adornos navideños, nos trasportarán a la infancia.
Añoro el abeto tradicional con sus bolas de brillantes colores, recargados de guirnaldas, lamparillas que entre guiños llenan de magia la noche, coronados por la estrella que guió a los Magos venidos de Oriente.
Otra posibilidad de la ciudad de los rascacielos es deslizarnos por la pista de hielo bajo las 30.000 lamparillas del árbol del Rockefeller Center mezclándonos con los habitantes de la Gran Manzana, o dejar nuestras huellas en la blanca nieve que cubre Central Park, contemplar desde el Empire State los rascacielos que se cubren de rojo, verde y blanco con miles de luces que semejan luciérnagas y entre guiños nos invitan a cantar Adeste, fideles, laeti, triumphantes, Venite, venite in Bethlehem: Natum videte Regem Angelorum…

La iluminación navideña de Madrid nos sumerge en un mundo propio de las películas de Tim Burton, nos han llenado la ciudad de adornos que parecen sacados de la película “Pesadilla antes de Navidad”. Nuestras luces y arbolitos son alambres retorcidos, donde se ven cables, armazones y bastidores. La canción apropiada sería “el extraño mundo de Jack” de la citada película. Deambulando por Castellana, nos sentimos como el propio Jack, atormentados, inadaptados, desarraigados… Porque hemos sido obligados a abandonar nuestras tradiciones.

Escrito por María Pilar Tortosa del Carpio