Me voy a atrever a hacer de pitonisa, aunque reconozco que en este caso no tiene ningún mérito. Por ello, me dispongo a mirar a través de la bola de cristal que nos depara el incierto futuro después de las elecciones.
Valorando que nos han mentido hasta límites insospechados, que los políticos de los dos grandes partidos hablan una jerga vacía de contenido, para evitar explicar los verdaderos problemas: paro, impagos, reducciones de salarios, pensiones, subida de impuestos, copagos, desabastecimiento de medicamentos, despidos… Algunos de ellos apuntan dichos problemas y anuncian recortes, un iceberg del que sólo se ve una pequeña parte, pero que debajo del agua es inmenso. Frente a ello, ninguna medida para reducir el gasto político, aunque algunas voces claman, pero en el desierto. ¿Por qué tenemos que tener tanto Parlamento, tanto Gobierno Autonómico, tanto Ayuntamiento, las Diputaciones, los asesores, el parque móvil: automovilístico y telefónico, las TV autonómicas que son meros instrumentos de propaganda… Que fácil sería que los pequeños Ayuntamientos se refundieran en uno, Francia hace mucho tiempo tuvo que terminar con sus Estados Autonómicos, porque eran la ruina del país, que decir de las millonarias subvenciones a los Sindicatos, Asociaciones, o esas que parecen impregnadas de amiguismo o compra de votos. Pero ninguna de estas medidas se propone, ni parece se vaya a adoptar.
He escuchado que los farmacéuticos no cobran, que los bomberos más de lo mismo, los abogados, autónomos, limpiadoras… Pero aún no he escuchado que un presidente, ministro, alcalde, diputado… No haya cobrado puntualmente.
Me da en la nariz que después del 20 N, no antes porque nadie quiere perder votos, nos van a explicar la situación, y van a aplicar una serie de medidas que ni imaginamos. Mis augurios son siniestros y están llenos de malos presagios, las revueltas callejeras se van a multiplicar, los impagos se van a generalizar, despidos al estilo de Grecia. Sólo me queda formular un deseo que antes de realizar cualquier recorte a la ciudadanía controlen el gasto político, suprimiendo lo superfluo, y sus propios emolumentos que nada tienen que ver con los del resto, y eliminando todos esos entes que tenemos repetidos, y por supuesto pidiendo responsabilidad penal a aquel que deja impagados y no se sabe a donde ha ido el dinero, porque ello, sí es insostenible.
Escrito por María Pilar Tortosa del Carpio