TRADICIÓN

18 diciembre, 2011

No sé si ustedes han visto la película “El violinista en el tejado”, una de mis preferidas. Comienza explicando el judío, Tevye, como mantienen el equilibrio, y explica: “puedo decírselo con una palabra: tradición”. Más que equilibrio creo que se refiere a identidad, todos la necesitamos y si nos privaran de ella, nos sentiríamos como perdidos, sin rumbo. Imaginan todo lo que contiene nuestra cultura: literatura, música, religión… Según cumplo años, siento más agradecimiento por todo lo que me han transmitido y  la responsabilidad  asimismo de enseñarlo, porque me parece riqueza que nos ayuda a saber hacia donde queremos dirigir nuestros pasos.

Hoy he vuelto a contemplar  la ciudad más bonita, soy forofa de Madrid, convertida  en “Pesadilla antes de Navidad“, como ya escribí sobre ello no voy a repetirme. Cuando he visto el armazón de hierro con contrapesos, alambres y cables, símil abeto de Navidad en Sol, ciertamente he pensado que nos quieren arrancar aquello que viene siendo la tradición cristiana, cultura a la que pertenecemos pese a quien pese, y que como han explicado conspicuos Académicos es la forma de comprender desde nuestra música a las catedrales.  O, ¿será que el Alcalde en su esnobismo  piensa que estos armazones son bellos?

Por ello,  he ido a visitar tres joyas. Me refiero al Belén del Palacio Real, s. XVIII, el de la Encarnación, S. XVII y el de las Descalzas. El que más me ha gustado es el primero, por las delicadas figuras,  la cuidada escenografía, el buen gusto con que está montado que nos traslada al Nápoles de la época. Me ha reconciliado que a la entrada un abeto, con sus bolas, velas y adornos varios nos daba la bienvenida.

El Nacimiento que se expone en el Convento de la Encarnación, pertenece a las Agustinas recoletas de Salamanca, son figuras articuladas de origen también napolitano ataviadas con ricos vestidos.

La foto desmerece mucho, y no tiene nada que ver con la realidad, por ello les invito a que pasen y vean.


Mi peor pesadilla

2 diciembre, 2011

Hoy he soñado que había salido elegida Presidenta del Gobierno que tenía sobre mis hombros la pesada carga de salvar a España. Sí, digo España, esa palabra que parece proscrita del vocabulario. Angustiada pensaba, una de las cosas a las que debo dar prioridad es al lenguaje, a la bella lengua en la que han escrito los mejores escritores del mundo, Cervantes, Lope, Quevedo, Pérez Galdos… Anote en mi cuaderno: asignatura pendiente del Ministerio de Educación.

Pero un escalofrió recorría mi espalda, porque sentía que  nos hundíamos, y la galerna nos engullía. Ya saben que en los sueños estas cosas se viven con una realidad pasmosa. Me dije, medidas drásticas: me cargo los Estados Autonómicos, las Presidencias idem, las Asambleas, sus embajadas en Bruselas, Ayuntamientos de menos de 8.000 habitantes, Diputaciones, el Senado, el Consejo de Estado -aún esperamos que alguien explique para que sirve-, igualdad en las pensiones se haya sido Presidente, Ministro o ciudadano de a pie.

 El mar era un sumidero que engullía toda la miseria que rezuma nuestra España, pero ya se sabe estos cataclismos también se zampan a las personas. Por lo que había que lanzar por la borda el paquete de subvenciones, becas, vehículos oficiales, tarjetas, móviles, televisiones autonómicas, sólo con esto último ahorro más de 100 millones de euros. ¡Un decreto! Lo firmo hoy mismo. 

 Los bancos, ¡uff! Esto merece capítulo aparte. No va a perder solo el españolito de a pie. Los poderosos deben pagar su cuota de desfachatez que por ello dieron créditos a diestro y siniestro, sin orden ni concierto y sin encomendarse a nadie. Bueno sí, a su avaricia. Las pérdidas, por lo menos a pachas que dicen en mi tierra. No va a salir el banco de rositas y el íbero fastidiado de por vida – a una le impide su educación utilizar la palabra que mejor calificaría -. ¡Exterminio a las prejubilaciones con sustanciosas indemnizacionesa a los 55 años! Al paro como todo hijo de vecino.

 Los sindicatos y los partidos políticos pondrán el grito en el cielo que son los que más pasta deben a la banca, pero así saneamos y que asuman el circo en el que se han metido, perdón, nos han metido.

 En ese momento sonó el teléfono rojo que tenía sobre mi mesa, era Frau Merkel, que me ordenaba antes de 100 días congelar, y ¡que verdes las iban a segar! Todo en alemán, faltaría más. Menos mal que en sueños, y ante semejante apuro a una le otorgan el don de lenguas.

 A continuación entró un personaje en mi despacho, que parecía de esos cursis que tanto abundan en televisión, y que utilizan la palabra glamour, fashion, cool… Me besó, dejó sobre mi escritorio un montón de folletos y exclamó: reinventaremos el despacho, traigo las propuestas más trendy! Aquello me llevó a contemplar a España hundiéndose como el Titanic, y para mi desgracia, yo era el capitán con lo cual ya saben lo que me tocaba. Me hundía en la grotesca espiral en la que nos habíamos metido. Cuando uno se siente morir, se agarra al áncora de salvación, supliqué a través de un artilugio  que era un intercomunicador: por favor, ¡el Nuevo Testamento! El cursi me miró como si estuviera loca, pero lo despaché con un -no es momento-, y salió de allí con sus natillas light. Me dije, incluso personas que no creen, saben que La Biblia guarda el principio de la sabiduría, y eso es lo que nos hacía falta, buscaré entre sus proverbios.

 Había que terminar con tanto parásito, cazafortunas, y aprovechado…  Una pesada fatiga me ahogaba…

 Desperté envuelta en un sudor frío, pensé, mi peor pesadilla… Y me llené de calma al recordar que lo mío, es batirme el cobre en los pleitos.

 Por cierto, esto venía a propósito de preguntarles, si Ud fuera nombrado Presidente del Gobierno de España, ¿qué reformas acometería?

 

 


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