No sé si ustedes han visto la película “El violinista en el tejado”, una de mis preferidas. Comienza explicando el judío, Tevye, como mantienen el equilibrio, y explica: “puedo decírselo con una palabra: tradición”. Más que equilibrio creo que se refiere a identidad, todos la necesitamos y si nos privaran de ella, nos sentiríamos como perdidos, sin rumbo. Imaginan todo lo que contiene nuestra cultura: literatura, música, religión… Según cumplo años, siento más agradecimiento por todo lo que me han transmitido y la responsabilidad asimismo de enseñarlo, porque me parece riqueza que nos ayuda a saber hacia donde queremos dirigir nuestros pasos.
Hoy he vuelto a contemplar la ciudad más bonita, soy forofa de Madrid, convertida en
“Pesadilla antes de Navidad“, como ya escribí sobre ello no voy a repetirme. Cuando he visto el armazón de hierro con contrapesos, alambres y cables, símil abeto de Navidad en Sol, ciertamente he pensado que nos quieren arrancar aquello que viene siendo la tradición cristiana, cultura a la que pertenecemos pese a quien pese, y que como han explicado conspicuos Académicos es la forma de comprender desde nuestra música a las catedrales. O, ¿será que el Alcalde en su esnobismo piensa que estos armazones son bellos?
Por ello, he ido a visitar tres joyas. Me refiero al Belén del Palacio Real, s. XVIII, el de la Encarnación, S. XVII y el de las Descalzas. El que más me ha gustado es el primero, por las delicadas figuras, la cuidada escenografía, el buen gusto con que está montado que nos traslada al Nápoles de la época. Me ha reconciliado que a la entrada un abeto, con sus bolas, velas y adornos varios nos daba la bienvenida.
El Nacimiento que se expone en el Convento de la Encarnación, pertenece a las Agustinas recoletas de Salamanca, son figuras articuladas de origen también napolitano ataviadas con ricos vestidos.
La foto desmerece mucho, y no tiene nada que ver con la realidad, por ello les invito a que pasen y vean.
Escrito por María Pilar Tortosa del Carpio 