El estilismo de las ministras

13 enero, 2012

Una de las cosas de las que me congratulo, es del estilismo de las ministras actuales. Las anteriores, ministras del figurín, inauguraron posando para Vogue.

Ya lo sentenció Coco Chanel cuando afirmó: “Viste vulgar y sólo verán el vestido, viste elegante y sólo verán la persona”.

  Nuestras políticas habían olvidado que formas de vestir llamativas, estridentes denotan un intento de destacar a través de la apariencia, lo que presupone ciertos complejos y tal vez una forma de ser un tanto frívola o narcisista.

Si tenían asesores les hubiera dado suspenso a  todos. Basta consultar cualquier tratado sobre cual debe ser el atuendo en el ámbito profesional, para ver lo perdidos que estaban.

En cualquier manual aconsejan para ir a trabajar,  elegir trajes de chaqueta  en tonos oscuros: grises, azul marino, negros. Estos colores llenarán nuestra imagen de profesionalidad. Nada de escotes ni detalles recargados. Los tacones excesivos, nos harán parecer mujer bombón, algo poco serio en el ámbito profesional. El otro día al pasar por al lado de la torre Picaso, me sorprendieron dos mujeres que salían de dicho edificio con unas minifaldas de vértigo, y el resto “pretty woman”.  No me pareció adecuado pensando en los graves asuntos que pasarían por sus manos, y desde luego si una profesional me atiende de esa guisa, no me hubiera fiado de poner en sus manos ningún asunto. En el caso de que hubiera sido secretaria, tampoco su jefe me merecería confianza, porque hubiera pensado que tal vez  alternaban en horas de trabajo.

Ahora que han estrenado la película sobre Margaret Thatcher uno de mis personajes favoritos, en 2009 ya lo mencionaba en  el post RESPETO. Ella nunca se permitió llorar o reírse en público, y es que airear los sentimientos es poco elegante. Recuerdo una ceremonia a la que acudí en cierta ocasión, y una pareja estaba cual tortolitos empalagosos, y eso que ambos ya habían cumplido los cincuenta.

Esperemos que las ministras no nos desilusionen  en esta parcela que parece accesoria, pero que como afirmó el Conde de Chesterfield: “El estilo es el ropaje del pensamiento; y un pensamiento bien vestido, como un hombre bien vestido, se presenta mejor”.


LAS UVAS DE LA IRA

1 enero, 2012

Ayer mientras me tomaba las uvas, recordaba la obra de John Steinbeck que he elegido para titular este post. Ambientada en Estados Unidos, año 1930, en plena crisis económica, la familia Joad sufre el estallido de la burbuja provocada por un capitalismo salvaje sobre una ilusión de creación de riqueza. Los Joad ven como su tierra está agotada debido al cultivo intensivo, ellos al igual que otros granjeros se ven abocados a hipotecar sus tierras, al no poder hacer frente a los pagos, los bancos los arrojan de sus casas. Ante ello, California es la esperanza, emigran, pero allí encuentran el desprecio, y nuevos abusos.

  Su autor, Steinbeck, fue perseguido, porque reflejaba la verdad, cito como ejemplo algunas de sus frases:

«Siempre me pareció extraño que las cosas que admiramos en los hombres, la bondad y la generosidad, la franqueza, la honestidad, la comprensión y el sentimiento acompañan al fracaso en nuestro sistema. Y esos rasgos que detestamos, deshonestidad, codicia, ambición, mezquindad, egoísmo, interés personal, son los rasgos del éxito. Y mientras los hombres admiran la calidad de las primeras, les gusta el producto de la segunda».

«Quiero colocar una etiqueta de vergüenza sobre los hijos de puta codiciosos que son responsables de esto [la Gran Depresión y sus efectos]».

Banqueros, especuladores de Wall Street, y los terratenientes que explotaron a los trabajadores agrícolas, se encontraban entre los que fueron azotados por su pluma. Y, ¡cómo no!  La clase política. Una élite gobernante cuya única preocupación es enriquecerse y permanece impasible, pero mejor como no hay nada nuevo bajo el sol, leer sus palabras:

«… en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia»

 A pesar de todas las calamidades narradas en la obra de Steinbeck deja abierta la puerta a la esperanza, porque los Joad no pierden su dignidad. La película es una obra maestra de John Ford que merece la pena ver.

 Dicen que la historia se repite y parece cierto, aquella gran depresión es tan parecida a la crisis que padecemos, y los políticos parecen ignorar las difíciles circunstancias por las que atraviesa gran parte de la población. Nos han asombrado y escandalizado con las medidas económicas, en las que no aparece ningún recorte para la clase política, ni tampoco la supresión de ningún organismo inútil. La guinda: la condecoración de Zapatero y sus ministros. Las redes sociales echaban fuego, pero ellos impasible el ademán. Voy a terminar con la frase que finaliza la película:

“Somos lo que vivimos, no nos destruirán, somos el pueblo seguimos adelante”

           


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