Por mi trabajo tengo todos los motivos, para no creer en el amor, suelo contemplar su lado más oscuro, por ello me sería fácil pensar que es una utopía, o una enfermedad, porque es cierto que el amor es ciego y sordo.
Pero tengo la suerte de conocer a una pareja que mantiene una historia de amor verdadero, ella está enferma y él la cuida como a la niña de sus ojos. Historia que tiene su semejanza con la que mantuvieron en los años cincuenta C.S. Lewis y Helen Joy Gresham, y que pudimos contemplar en la película “Tierras de penumbra”, entre dos personas opuestas, él un intelectual, solterón, profesor de Oxford, y conservador. Entre sus libros el más conocido las “Crónicas de Narnia”.
En un principio rechaza amar, porque tiene miedo de entregarse a los sentimientos y pasiones, piensa que el amor, pasa necesariamente por el dolor, y además está en juego su reputación.
Ella, Helen Joy, poetisa, desinhibida, alegre y divorciada, cercana al comunismo y atea.
Cuando ella enferma, el profesor se da cuenta de sus sentimientos hacia ella, y de que “la tristeza de ahora es parte de la felicidad de entonces. Ese es el trato”.
Sí, todavía existe el amor verdadero, y me atrevería a asegurar que en la dificultad es cuando más brilla, pero como el brillante auténtico, es rara avis.
Escrito por María Pilar Tortosa del Carpio