DEVALUACIÓN DE LA INSTITUCIÓN DEL MATRIMONIO

  La sociedad a medida que fue más civilizada  busco formas que regularan la vida en común. En la antigua Grecia aparece ἐγγύη, reglamentaba la filiación legítima, para que pudieran heredar los bienes de su padre. Aristóteles realizó una crítica a sociedades imperfectas en que la mujer era esclava del hombre.

Con posterioridad en la Antigua Roma, sociedad avanzada frente al resto del mundo, el matrimonio llega a ser una de las principales instituciones a través de ella se brindó protección a los hijos y contrayentes. Se comienza a regular la edad para contraer, la filiación, la herencia, la dote…

La filosofía cristiana aporta una contribución importante y le da el carácter de sacramento, se contempla el matrimonio como comunidad de vida y amor que trasciende a los propios contrayentes en una dimensión espiritual.

Más tarde la ilustración francesa  sólo quiere ver un contrato en la unión del hombre y la mujer. Aún así,  Montequieu afirmó que “la familia es la institución fundamental para educar a los individuos en la virtud pública necesaria para el sostenimiento de una república, en contraste con el gobierno despótico, regido por el miedo”.

La doctrina a lo largo de la historia ha discutido si el matrimonio era un contrato o una institución. Pero aún admitida su única condición de contrato, nos encontramos que en la sociedad actual las uniones matrimoniales están menos protegidas que cualquier otro pacto consensuado. A favor de la teoría del contrato se ha argumentado que el matrimonio es algo que sólo pertenece a la libertad de los contrayentes, pero la experiencia nos demuestra que ello, no es así.  En países como Cuba, Ecuador, Perú… En los que se ha vaciado de contenido el matrimonio, encontramos la triste realidad de familias desestructuradas, en las que uno u otro, así como los hijos y ascendientes, precisan de importantes ayudas sociales, porque sufren problemas económicos, pero no termina aquí el daño producido. Gallagher, entre otros, explicó que el niño precisa para su desarrollo un entorno de amor y estabilidad, algo que el Estado no puede dar. Los padres, abuelos transmiten a la prole su cultura, educación, valores. Platón diría: “que en eros nos habla una voz que no es nuestra razón calculadora, una voz que nos empuja a salir de nosotros mismos y a entregarnos a él”.

Habría que preguntarse si factores como la desprotección de la familia y la quiebra y desvalor de instituciones entre ellas el matrimonio no ha contribuido a la actual crisis económica. Los ciudadanos han dejado de creer en sus instituciones, porque se las ha herido en su dignidad, politizándolas. En el caso del matrimonio se ha instaurado la idea de algo caduco, superfluo, e incluso banal.

Aquellos polvos traen estos lodos, y una vez que el ciudadano se convence de que el matrimonio es algo sin importancia, y que los compromisos apenas tienen valor y pueden romperse sin causa como ocurre desde la Ley15/2005 de 8 julio, las consecuencias han sido un aumento de las rupturas, y de las familias desestructuradas, con un gasto exagerado de recursos económicos que tampoco suponen solución a muchos de los problemas planteados.

Países como Suecia, Alemania, o la vecina Francia tienen legislaciones más restrictivas con el divorcio, y para contraer matrimonio es preciso hacerlo ante un funcionario público. En cuanto a las ayudas sociales se percataron que invertir en la familia, suponía un importante ahorro a las arcas públicas.

Ni siquiera la sexualidad es algo entre dos, cualquier acto de una persona por nimio que parezca tiene repercusión en el resto de los ciudadanos. El embarazo de una adolescente tendrá consecuencias, principalmente para ella que va a ver su vida transformada, tanto si continúa con dicho embarazo como si decide terminar con la nueva vida. El resto de la sociedad sufre desde la merma de la mujer a la que le va a ser más costosa su incorporación al trabajo, y su desarrollo psicológico, hasta el costo de los abortos que, como es conocido, está subvencionado.

Por todo lo anteriormente dicho, entendemos que al Estado le interesa devolverle la dignidad a la institución del matrimonio, porque supone una protección para todos sus miembros. Vivimos un tiempo en el que el matrimonio se ha ido vaciando de contenido, por ello fueron aumentando las uniones de hecho. Los miembros de la pareja se decían: “nos basta nuestro amor”. Pero cuando ese amor termina y acuden a la consulta del abogado, muchos hubieran deseado contraer matrimonio, para poder disfrutar de la protección que proporciona a hijos y cónyuges.

Nuestro Ministro de Justicia en un alarde de modernidad quiere institucionalizar las bodas y divorcios ante notario, pero debería preguntarse, si ello supondrá un bien para la sociedad.  Medios para desatascar la Justicia existen muchos, sin necesidad de propiciar una merma a la institución  del matrimonio. En este momento la familia es la institución mejor valorada por la sociedad española, es el soporte gracias al que muchas personas no están en la miseria  frente a unos recursos sociales agotados. Los jóvenes sin trabajo subsisten gracias a sus padres, los padres trabajan gracias a los abuelos, y los mayores son atendidos por sus hijos.La Administración ha fracasado en cuanto a la asistencia a la dependencia, la conciliación entre trabajo e hijos, y la esperanza de trabajo para sus jóvenes que deben emigrar. En EEUU más de setenta profesores universitarios han firmado el documento “Marriage and the Public Good: Ten Principles”  en el que estudian las consecuencias de la devaluación del matrimonio y aseguran que las leyes que rigen el matrimonio tienen gran importancia. Desde las Asociaciones, corporaciones, y ciudadanos de a pie se debería solicitar a nuestros políticos que aumentaran la protección de la pareja consolidando la institución del matrimonio, y protegiendo a las partes implicadas en dicho contrato, porque una parte son los más débiles, menores, que crecerán en un hogar sin unos progenitores comprometidos con su familia.

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Acerca de María Pilar Tortosa del Carpio

Nací en el Mediterráneo por lo que añoro su luz y su olor. Abogada por vocación, con el ejemplo y el buen hacer de mi padre. Procuro cultivar: la familia, porque es lo único que no falla en los malos momentos, el sentido del humor sobre todo en esos malos momentos, los buenos amigos y compañeros, los viajes… Espero compartir ideas, vivencias, lugares…
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