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El 21 de junio me he propuesto visitar la Universal Exposición,  viajar a bordo del teleférico, y recalar en primer lugar en el Pabellón de Grundfos del que me han hablado muy bien.

 

 

 

Para los que no puedan acudir, les dejo el enlace a la visita virtual.

 

Pero esto de la preocupación por el agua no es de ahora, recuerdo una canción de José Antonio Labordeta que decía “arremojate la tripa que ya llega la calor, que luego en el mes de agosto aquí no suelta el agua ni dios. 

 

Y es que el debate del trasvase del Ebro ya viene de lejos. Me van a odiar los aragoneses, pero he escuchado que dicho río vierte al mar el equivalente a 8.000 barcos.

 

Pero no nos vayamos del tema. Las más bellas también han mostrado su preocupación por el preciado elemento. También dejo el enlace.

 

 

 

Ignoro, si en alguno de los Pabellones, habrán considerado pasar el video, pero seguro que sería de los más visitados.

 

 

Unidos contra ETA

Al visitar el blog de un amigo y compañero, http://degusto.wordpress.com/ se me ha ocurrido copiar su iniciativa y apoyar al Correo, para de este modo condenar el atentado de aquellos que sólo saben usar la violencia, y el asesinato como argumento.

http://www.elcorreodigital.com

Pinchemos en el enlace, para que sea la página más visitada

 

http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/

Aunque en una de sus frases famosas afirmó que la moda no es arte. No le vamos a llevar la contraria, pero hizo belleza de lo cotidiano: La sahariana, el corte trapecio, el esmoquin femenino, el turbante, el vestido…

 

Detestaba la moda hippy hasta decir “Quiero ver mujeres elegantes. Mujeres conscientes de que son mujeres. Terminemos con lo hippie…todo ese folklore…esos trapos. La calle da miedo en este momento. Horrible”

 

Tal vez, porque convirtió a la línea recta y la ingenuidad en elegancia.  Le horrorizaba el mundo decadente en el que vivimos y lo que tocaba lo llenaba de armonía y exquisitez  

 

“La mejor vestimenta para una mujer son los brazos de un hombre, para cuando ella no tiene esos brazos está Yves Saint-Laurent”

 

Capaz de transportarnos a un mundo de ensueño, donde desfilan ante nuestros ojos: la magia de los viajes, galanes de cine, elegantes mujeres…

 

Leyendo el libro de Zygmunt Bauman, Vida de consumo,  en el que explica: “todo y todos pueden ser “objetos” de venta como producto”. El síndrome consumista ha conseguido no sólo que lo efímero sea valorado, sino que lo duradero sea rechazable, porque resulta monótono, aburrido, económicamente ruinoso, algo que nos marca con el estigma de lo pasado de moda.

 

Tal vez ésta sea la explicación de las “canciones de temporada”, los coches, ordenadores, teléfonos móviles… Pero lo peor es que ésta sociedad también se deshace de las personas, ¿que pasará con Rodolfo Chikilicuatre después del Festival? Esta sociedad capaz de crear “monstruos” (en el sentido amplio de la palabra, no se me tome a mal, que también se utiliza en sentido positivo).

 

Ocurre con la modelo más cotizada,  con los deportistas, músicos, actores… A todos ellos se les exige unos resultados propios de las máquinas; y cuando ya no alcanzan los objetivos se les relega, no sirven. 

 

Continúa Bauman en su libro: “La cultura consumista necesita –y lo ha conseguido – liberar a las personas de los lazos del pasado, de modo que en el “hoy y ahora” nada de lo anterior ha de limitar un presente absolutamente libre. Se tiene que poder desechar todo: posesiones y convicciones, odios y amores… hasta el propio cuerpo (cirugía) o la propia identidad”.

 

¿En qué nos estamos convirtiendo? Recuerdan el personaje de Marisa Coulman en La Brújula dorada, enérgica y fuerte, la inteligencia y audacia de Marisa no tiene límites cuando se trata de manipular.

 

 

El deporte que mueve millones de aficionados, pero también de divisas, ha convertido a sus jugadores en ídolos.

En los cuarenta, cincuenta, sesenta ya  los espectadores se quedaban afónicos cuando cantaban un gol. Quien no recuerda el gol mítico de Zarra, pero también añorado por su buen hacer, y deportividad: el portero Arnau cayó lesionado y Zarra sólo ante la portería vacía, optó por echar la bola fuera para que atendiesen al jugador. Algo similar le sucedió frente al Deportivo de la Coruña pero con un central. En la temporada 51-52 se lesionaba él mismo por evitar lesionar al portero ya que siempre aplicó la idea de “mejor lesionarme yo, que lesionar a otro”.

            En los cincuenta Alfredo Di Stefano otro mito de este deporte que participó en varias películas y llevó al Real Madrid a la gloria, no le duelen prendas cuando afirma “En mi barrio había 40 jugadores que jugaban mejor que yo, pero algunos estudiaban, otros tenían que trabajar, había quienes no podían comprarse zapatillas… y al final se van quedando por el camino. Él, sí sabía de futbol y de la vida así cuando le pregunta el periodista,

¿Usted fue el primer galáctico? ¡No, no, ¡esa palabra no la pronuncies más en la vida! La palabra galáctico no me gusta un carajo!

Pero hubo un tiempo en que el vocablo no estaba mal visto…

¿Qué galácticos? ¿Pero qué leches? ¿Qué galácticos? ¡Eran humanos! ¡Ni nombrar la palabra esa! Fue la ruina del Madrid. Yo no sé de donde salió pero yo no la pronuncié nunca.

Don Alfredo pone el dedo en la llaga. Algo que un mito nunca debe olvidar, la sencillez. Es cierto que los tiempos no ayudan desde el “antes muerta que sencilla” al despropósito del glamour, palabra que utilizan todos los cursis de la tele y que desconocen su verdadero significado.

Pues eso, hay que ser fashion: jugar al futbol luciendo brillantes de miles de euros, la melena al viento, y ahora llegan las botas con unas mil incrustaciones de cristales de Swarovski que costaran unos 600 euros, pero que es eso comparado con grabar las iniciales en oro de 24 kilates en los tapacubos.

           

 

 

Me permito recordar la frase de Juanma Trueba.

“Que nadie lo olvide: el uniforme es blanco para llenarlo de barro y de sangre”

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=yJ6qVATdL_A&feature=related

LA FUERZA DEL CARIÑO

Título de una película galardonada con cinco oscar en la que se muestran las diferencias en las relaciones familiares y como se superan con el cariño.

 

Pero parece ser que no sólo discrepancias y discordias se superan con amor, ternura y afecto.

 

El neurólogo José Masdeu Puche, especialista en trastornos de la memoria y de la marcha exponía en una entrevista:

 

¿Puede ser el cariño más importante incluso que las medicinas?

- En este momento, sí. Los tratamientos tienen un valor limitado. Hoy es más importante cómo se trata al paciente que los tratamientos médicos posibles. Si no se le trata bien actuará de forma paranoide, ya que no entiende qué le sucede y, si ve que los de alrededor se enojan con él, él también se enojará con los demás. Esto ocurre si no se entiende la enfermedad. Si se asumen esas limitaciones y se quiere al paciente, haciéndole caricias, etcétera, esa persona no va a sufrir y la familia lo va a llevar mejor, a pesar de lo trágica que es la enfermedad. Como se le da cariño a un niño y no se asume que tenga que hacer un discurso sobre nada, sino que lo queremos como es y aceptamos lo que hace.

- Si tratamos con cariño y de forma adecuada al paciente, ¿puede que la enfermedad vaya más lenta?

- Es difícil decirlo, podría ser. El estrés puede provocar la secreción de sustancias en el cerebro que podrían acelerar la pérdida de neuronas que conlleva esta enfermedad. Sin embargo, todavía no hay evidencia de que sea así.

Esto también lo descubrió la periodista, Miriam Weinstein, los jóvenes que comían en familia entre dos y cinco veces a la semana, sacaban mejores notas, y no consumían alcohol o drogas. A resultados similares han llegado Marla E. Eisenberg y sus colegas (Universidad de Minnesota), que en 1998-99 reunieron datos de 4.767 adolescentes de distintas zonas. Según este estudio, comer en familia habitualmente contribuye a prevenir depresiones y suicidios.

 

Los autores del estudio aventuran que quizá fuera una ocasión formal o informal de atender a sus hijos, pero Weinstein concluye que una comida familiar es mucho más: estar atento a las necesidades de los demás, levantar el ánimo con una anécdota divertida, generosidad para dejar a otro la mejor porción de postre…; o inmediatamente antes y después: cuando los niños ayudan a preparar la comida y a quitar la mesa y fregar los platos, aprenden a servir a los demás y también a cuidar de sí mismos.

 

Sin base científica alguna, pero he comprobado que una gripe cuidada con amor y ternura dura dos días, mientras que si uno la pasa en soledad, los virus permanecen activos durante más tiempo.

 

Tal vez alguien tenga la explicación, ¡la esperamos!